Arxiu de la ‘George Steiner’ Categoria

Cinc paràgrafs sobre els quatre paràgrafs

Març 14, 2009
   
    “La crítica es un anexo. Pues el arte del crítico consiste en llamar la atención de los lectores con respecto a las obras literarias; precisamente, la atención de aquellos lectores que menos precisan de esta guía”. Steiner planteja la crítica com a llenguatge subsidiari d’un llenguatge primer que seria el literari. Aquesta mateixa idea hauria de trobar, al final de la dècada que inaugura el text d’Steiner, amb les idees telquelianes que Barthes va saber formular tan bé a Crítica y verdad i que sostenien que no, que el crític no era un llenguatge segon, sostenint-se en una idea que Steiner també apunta en un paràgraf que no hem transcrit: que l’únic mitjà que pot aconseguir la posteritat per a un crític és la bellesa del seu estil. Convertir-se, doncs, en un llenguatge primer que busqui la seva veritat, no en el seu argument sinó en el seu treball retòric. D’altra banda, Steiner solapa aquí una funció que comparteixen crítica i ressenya, si bé en cadascuna en una jerarquia diferent: que el seu art consisteix a cridar l’atenció dels lectors respecte les obres literàries. Claríssim en el cas de la ressenya, instrumentalitzada fins a extrems escandalosos. No tan clar en el de la crítica, o no tan clar, almenys, que sigui el nucli del seu “art”.
   
    “En ambas manos caben sendas tentaciones. En la derecha, la historia literaria, con su aire sólido y sus credenciales académicas. En la izquierda, la recensión de libros, no un arte realmente, sino más bien una técnica que se lleva a cabo con la teoría poco plausible de que todos los días se publica algo que merece ser leído”. Ens agraden les expressions “aire sólido” i “credenciales académicas”. Steiner no reconeix a la història literària cap mena de consistència. La seva solidesa només arriba a aire i la seva qualitat acadèmica es redueix a signe, a credencial, és a dir, a la mena de passaport que autoritza la circulació d’individus dins d’un sistema burocràtic i burocratitzant. D’altra banda, la “teoria poc plausible” que comenta Steiner és el que fa de fons a la (subtil?) conversió de la crítica en promoció, “no un arte realmente, sinó más bien una técnica”.
   
    “En la crítica literaria no hay tierra prometida de hechos establecidos, ninguna utopía de la certeza. En virtud de su naturaleza misma, la crítica es personal. No es susceptible ni de demostración ni de pruebas coherentes. No dispone de instrumento más exacto que las barbas de Housman erizándose mientras un hermoso verso relampaguea en su cabeza”. És a dir, que ja hi tornem a ser. Si la crítica no pot arribar a La Veritat, cau necessàriament en la opinió? O pot treballar sobre alguna mena de veritats? De ser així, ¿quina mena de veritats? I què vol dir amb personal? Diu Steiner, a Tolstoi o Dostoievski (Siruela, 2002), quasi comentant-se a sí mateix: “El crítico competente es aquel que hace accesible a la razón y a nuestro sentido de la imitación un conocimiento que es, al principio, tenebroso y dogmático. Esto es lo que Matthew Arnold quiere dar a entender con sus “piedras de toque” y lo que A. E. Housman quiso significar cuando dijo que un verso grávido de poesía le erizaba la barba. Está de moda hoy en día deplorar tales opiniones del juicio intuitivo y subjetivo. Pero, ¿no son profundamente honradas?”. Honestes potser sí, però, en certa manera, tornen a topar amb el problema que ja vam comentar respecte de l’estilística: que la crítica no pot aspirar a cap mètode que la legitimi sinó que depèn de la genialitat (un altre concepte difícilment caractertitzable) del crític puntual. I aquí entra la dimensió de ruleta russa de les idees d’Steiner. La crítica steineriana -forma de revelació, d’execució de la dansa dels set vels que persegueix un objectiu il·luminista- sembla dissenyada per a encaixar només amb Steiner.
   
    “Pero el hecho queda en pie: un crítico literario es un individuo que juzga un texto dado de acuerdo con la afición momentánea de su propio espíritu, de acuerdo con su humor o la tesitura de sus opiniones. Su criterio puede ser más valioso que el de ustedes o el mío sólo porque está basado en un conocimiento mayor o porque aquél está presentado con claridad más persuasiva. No se puede demostrar de manera científica ni puede aspirar a la permanencia”. Steiner recorda aquí una idea fonamental que l’estètica de la recepció ha recodat contínuament: que cada acte de lectura genera un significat diferent, tant en funció de les condicions de lectura com del moment -és a dir, de l’experiència, de les lectures acumulades- del lector en el moment de llegir una obra determinada. D’aquí, que una obra permeti relectures i redescobertes i que el clàssic de Calvino pugui definir-se com una obra que sempre té alguna cosa a dir sobre el lector i sobre el temps en què és llegit. Recorda Steiner que el crític no es troba al marge d’aquesta dinàmica de la lectura i que és tan susceptible de variar les seves apreciacions com de sotmetre’s a la seva dimensió de lector no professional, o sigui, a la seva variabilitat emocional que tan pot entusiasmar-lo respecte d’un text com negar-lo d’entrada i sense que tingui res a veure amb la paraula que hi ha escrita. El problema, com sempre, és el de la legitimació del criteri. Més valuós que el nostre? Hauríem d’entrar en la pregunta pel que determina el valor. El que està ben clara és la postura d’Steiner: que no hi ha cap veritat transcendent que decideixi, en últim terme, qui té més raó, o una raó definitiva.
   
   ”Balzac consideraba que la señora Radcliffe era tan artista como Stendhal. Nietszche, una de las mentes más agudas con respecto a la música, llegó a decir que Bizet era un compositor más legítimo que Wagner. Por nuestra parte, sentimos en el alma y en la sangre que estas concepciones son erróneas y corruptas. Pero no podemos refutarlas como un científico puede refutar una teoría falsa”. ¿No podem? Recordem un article de Javier Marías (no la referència) que apuntava la diferència entre el dret a expressar la opinió i la creença que, pel fet de ser expressada, tota opinió és vàlida. Ho és, en la mesura que treballa com a opinió, però no la fa intocable. Marías defensava el dret a poder refutar qualsevol opinió per mitjà de l’argument. Però ja tornem a topar amb el problema del criteri i, de fons, amb el de la legitimació. ¿I no serà que, a mesura que ens hi acostem, la crítica va prenent una certa forma d’asímptota epistemològica?

Quatre paràgrafs de George Steiner sobre l’estat de la qüestió el 1960

Març 9, 2009
   
    “En el siglo XX no es fácil para un hombre honrado ser crítico literario. Hay cosas mucho más urgentes que merecen atención. La crítica es un anexo. Pues el arte del crítico consiste en llamar la atención de los lectores con respecto a las obras literarias; precisamente, la atención de aquellos lectores que menos precisan de esta guía; ¿acaso lee un hombre crítica de poesía, o de teatro, o de ficción, salvo cuando se trata de un hombre ilustrado de por sí? En ambas manos caben sendas tentaciones. En la derecha, la historia literaria, con su aire sólido y sus credenciales académicas. En la izquierda, la recensión de libros, no un arte realmente, sino más bien una técnica que se lleva a cabo con la teoría poco plausible de que todos los días se publica algo que merece ser leído. Hasta lo mejor de la crítica puede sucumbir a ambas tentaciones. Deseoso de obtener rentabilidad intelectual y la firme posición del erudito, el crítico, como Saint-Beuve, puede convertirse casi en un historiador literario. O puede inclinarse por las exigencias de la novela y de lo inmediato; una parte significativa de los argumentos críticos de Henry James no ha sobrevivido a la circunstancia en que fueron expuestos. Las buenas revistas son incluso más efímeras que los malos libros.
   
    No obstante, hay otra razón de peso por la que resulta engorroso que una mente seria, nacida en este siglo atribulado y peligroso, dedique sus fuerzas a la crítica literaria. La nuestra es, fundamentalmente, la época de las ciencias naturales. El noventa por ciento de los científicos están vivos. El nivel delas conquistas científicas y el retroceso del horzonte ante la inquisición del espíritu no tienen paralelo reconocible en el pasado. Nuevas Américas son descubiertas cada día. De aquí que la índole de los tiempos esté llena de valores científicos. Éstos extienden su influencia y fascinación mucho más allá de las fronteras científicas en el sentido clásico. La historia y la economía sostienen que son ciencias en sentido estricto; lo mismo hacen la lógica y la sociología. El historiador de arte afila instrumentos y técnicas que considera científicos. El compositor de música dodecafónica remite sus austeras prácticas a las matemáticas. Durrell ha dicho en el prefacio de su Cuarteto que ha querido verter en el lenguaje y su estilo literario la perspectiva de la teoría de la relatividad. Él ve la ciudad de Alejandría en cuatro dimensiones.
 
   (…) En la crítica literaria no hay tierra prometida de hechos establecidos, ninguna utopía de la certeza. En virtud de su naturaleza misma, la crítica es personal. No es susceptible ni de demostración ni de pruebas coherentes. No dispone de instrumento más exacto que las barbas de Housman erizándose mientras un hermoso verso relampaguea en su cabeza. A lo largo de la historia, los críticos han suspirado siempre por demostrar que su métier era una ciencia a fin de cuentas, que éste posee cánones y medios de discernir las verdades absolutas. Coleridge unció su genio intensamente personal, a menudo inestable, al yugo de un sistema metafísico. En un manifiesto famoso, Taine proclamó que el estudio de la literatura no era menos exacto que el de las ciencias naturales. El doctor I. A. Richards ha suscrito la esperanza de que haya un cimiento psicológico objetivo en el acto del juicio estético. Su discípulo más distinguido, el profesor Empson, ha llevado a las artes de la crítica literaria las modalidades y paralelismos de las matemáticas.
   
    Pero el hecho queda en pie: un crítico literario es un individuo que juzga un texto dado de acuerdo con la afición momentánea de su propio espíritu, de acuerdo con su humor o la tesitura de sus opiniones. Su criterio puede ser más valioso que el de ustedes o el mío sólo porque está basado en un conocimiento mayor o porque aquél está presentado con claridad más persuasiva. No se puede demostrar de manera científica ni puede aspirar a la permanencia. Las ventoleras del gusto y la moda son inconstantes y cada generación de críticos empieza a juzgar de nuevo. Las opiniones sobre los méritos de una obra de arte, sin embargo, son irrefutables. Balzac consideraba que la señora Radcliffe era tan artista como Stendhal. Nietszche, una de las mentes más agudas conrespecto a la música, llegó a decir que Bizet era un compositor más legítimo que Wagner. Por nuestra parte, sentimos en el alma y en la sangre que estas concepciones son erróneas y corruptas. Pero no podemos refutarlas como un científico puede refutar una teoría falsa. ¿Y quién sabe si una época futura emitirá juicios que hoy nos parecen insostenibles?”
George Steiner,
Georg Lukács y su pacto con el diablo (1960)